Como cada día 8 del mes, se celebró una eucaristía oficiada por el sacerdote Rogelio Cruz, marcada por el reclamo de un castigo severo contra los hermanos Maribel y Antonio Espaillat, propietarios del centro nocturno y acusados de homicidio involuntario. Durante la ceremonia, decenas colocaron flores entre las fotos de las víctimas, en un ambiente de consternación y silencio.
Residentes y comunitarios solicitaron el derribo total de la estructura y la construcción de un mausoleo, parque o monumento, alegando que la actual edificación es un recordatorio constante del dolor. «Un cementerio en el corazón de la avenida Independencia… ya está bueno», expresó Eduardo Vargas, representante de la comunidad cercana al Jet Set.
El impacto sigue siendo profundo en Haina, de donde salieron muchas víctimas, entre ellas 11 miembros del club Haineros Dorados, un grupo social conformado por adultos mayores. Sus integrantes aseguran que la ausencia se siente como el primer mes, y que la herida sigue abierta mientras no haya una sentencia definitiva.
«Seguimos adoloridos, bien consternados», afirmó Lorenzo Pérez, integrante del club, quien perdió a tres vecinos, incluida una madre trabajadora y un ingeniero que dejó un hijo pequeño. Rafael Amador Pérez, presidente de los Haineros Dorados, recordó que el grupo pasó de 148 a 137 miembros tras la tragedia.
Mientras las investigaciones y el proceso judicial avanzan, el clamor por justicia crece en cada nueva fecha conmemorativa. La iglesia de Rogelio Cruz y las familias han prometido seguir reuniéndose el día 8 de cada mes hasta obtener respuestas y sanciones.
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